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Un regalo al alcance de todos.

Domingo, 6:40 de la mañana.

Papá, ¿nos vamos ya?

Íbamos a subir Peñalara esa mañana (2.428m), y toda la tarde del sábado estuve en modo chapa diciéndoles que tenían que descansar bien esa noche, que era una marcha durilla, que si el frío, el calor, la nieve, el viento…

Y por eso ver sus caritas emocionadas a las 6:40, cuando todavía era bien oscuro y faltaban dos horas para salir de casa, hizo que me diera cuenta de que no importa lo que digas o hagas, lo que importa es lo que siente quien tienes delante. Touché, Maya Angelou.

Y es que llevábamos días preparando la aventura. Para mí la naturaleza es un valor vital, y me apasiona unir deporte y naturaleza subiendo una montaña. Viendo sus caritas con cara de nervio e ilusión me hace pensar que algo de esa pasión les transmití antes de haber empezado siquiera la excursión.

Subir a Peñalara está al alcance de casi cualquiera (lo que no quita que tenga cierta exigencia), pero si tienes que hacerlo con dos niños de 5 y 7 el reto es mayor. Por suerte no íbamos solos, formábamos parte de un grupo de unas 50 personas entre padres y niños del cole. El efecto grupo ayuda, hace que la carga sea más llevadera, como espero que hayas tenido la suerte de comprobar en alguna ocasión.

Yo iba con la duda de cómo responderían los chicos ante el reto, ya que la clave de conseguir llegar a cima no estaba en las piernas sino en la cabeza, y precisamente por eso mi rol durante todo el ascenso fue ir haciendo juegos con ellos y contándoles historias, para que se mantuvieran distraídos y no se centraran en su cansancio.

Ya de vuelta en el coche, cuando más que hijos dormidos en la parte de atrás parecía que llevaba dos muñecos de trapo totalmente reventados, me puse a pensar lo mucho que se puede aprender de la montaña y la aplicación en la gestión de personas (y de uno mismo). Si creías que este post iba sobre niños saltando rocas en la sierra de Madrid siento decepcionarte, aquí van tres aprendizajes de la montaña que puede utilizar para gestionar tus equipos:

1. El objetivo no es llegar el primero, el objetivo es que lleguemos todos (cada uno a nuestro ritmo).

Yo desde el principio les dije a los niños que nos pusiéramos como objetivo conseguir que todos los otros niños llegaran a la cima, y les dije que si veíamos a alguien pasándolo mal les podíamos ofrecer alguna chuche, llevar su mochila un rato o lo que fuera.

Esto resultó ser un buen punto de partida para el esfuerzo que venía por delante aquel día porque mis hijos ya no tenían su cansancio delante de sus narices sino que poníamos el de los demás, consiguiendo así fomentar valores como la empatía, la generosidad y la solidaridad. Tres valores, por no mencionar más, que ayudan a construir confianza en los equipos, y que aumentan la vinculación y el compromiso.

2. Pensamiento positivo.

Si no lo has leído, en mi post de la semana pasada profundizaba un poco en este tema, y no me quiero repetir ni alargar, asique iré al grano.

Cambiar la perspectiva del «qué calor hace», «qué sed tengo», «qué cansado estoy» por el «qué bonito paisaje», «mira cuánto hemos subido ya», «qué aire más puro se respira fuera de la ciudad». La conversación interna que tengamos nos condiciona hasta un nivel que hace que nuestra realidad también cambie, y cargas que parecían imposibles de soportar se vuelvan más livianas.

Cuando andamos por la vida mirando hacia abajo, no sólo nos acaba doliendo el cuello sino que nos perdemos muchas de las cosas bonitas que nos rodean. Quédate con lo bueno, aprende de lo malo e ignora el negativismo que no ayuda.

3. El precio del esfuerzo es proporcional al tamaño de la recompensa.

Peñalara tienes más de 2.400m de altitud. El Cerro de los Ángeles 666m. Subir a Peñalara requiere un esfuerzo bastante mayo que el que requiere subir el Cerro de los Ángeles, y por supuesto las vistas no tienen comparación.

No hay atajos hacia el éxito, nada que merezca realmente la pena puede ser conseguida sin esfuerzo.

¿Quieres un equipo comprometido, dedicado, responsable, motivado, …? Tienes que trabajarlo mucho, no es gratis.

Y por supuesto el esfuerzo llega antes que la recompensa. Como me decía Ale Villarán hace poco: uno no le dice a un tomate de su huerta, «anda crece mucho y te riesgo». No, primero riégalo bien, que ya verás como acaba creciendo.

*******

Podríamos seguir enumerando los aprendizajes que saca uno de la montaña, y por favor no dudes en poner en comentarios lo que se te ocurra sobre el tema, pero he pensado en aquello que se dice de que «lo bueno si breve dos veces bueno», asique aquí lo dejamos por hoy.

Gracias por tu tiempo leyendo este post. Si crees que le puede ser de utilidad a alguien por favor no dudes en reenviarselo.

P.D.: Tenemos que cuidar mucho este regalazo que se nos ha hecho.

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Claudio Hernández Olalla

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